Autoestima y manipulación

Autoestima y manipulación: la manipulación no se realiza siempre con mala intención. Una carencia induce a manipular a otro para recibir lo que necesita.

Autoestima y manipulación son dos conceptos estrechamente vinculados. No es cierto que la manipulación se realice siempre con mala intención, a veces, una carencia de alguien, puede hacer que necesite manipular a otro para recibir lo que necesita.

Autoestima y manipulación pueden ir de la mano

¿Qué es un manipulador?

En el diccionario de la Real Academia Española, de las cuatro acepciones que tiene el verbo manipular, la que más se acerca a lo que hacen los manipuladores de los que estamos hablando sería la siguiente: “Intervenir con medios hábiles y, a veces, arteros, en la política, en el mercado, en la información, etc., con distorsión de la verdad o la justicia, y al servicio de intereses particulares.”

Aunque todos, en mayor o menor grado, hemos manipulado en alguna ocasión, lo que definiría cómo actúan los manipuladores es que ”logran que las personas que se encuentran a su alrededor lleven a cabo exactamente lo que ellos quieren, aunque sin saber muy bien cómo ni por qué… en un principio se presentan como personas encantadoras, víctimas del mundo y la mala suerte.

Piden mucho y dan muy poco: para lograr sus objetivos no escatiman esfuerzos y generan en los otros sentimientos muy difíciles de superar, utilizan su poder sólo para el beneficio personal”, además esa manipulación la ejercen con total conocimiento de lo que están haciendo y sin remordimientos, proyectando siempre la culpa en los demás. La baja autoestima y manipulación consciente genera dependencias emocionales severas.

Características de los manipuladores

En el libro “Los manipuladores” de Isabelle Nazare-Aga, se indica que los manipuladores deben cumplir al menos 10 de las 30 características siguientes:
1. Culpabiliza a los demás en nombre del vínculo familiar, de la amistad, del amor, de la conciencia profesional, etc.
2. Traslada su responsabilidad a los demás o se desentiende de sus propias responsabilidades.
3. No comunica claramente sus demandas, necesidades, sentimientos y opiniones.
4. Responde muy a menudo de forma confusa.
5. Cambia de opinión, de comportamiento y de sentimientos según las personas o las situaciones.
6. Invoca razones lógicas para enmascarar sus demandas.
7. Hace creer a los demás que tienen que ser perfectos, que no deben cambiar nunca de opinión, que deben saberlo todo y responder inmediatamente a las demandas y preguntas.
8. Pone en duda las cualidades, la competencia y la personalidad de los demás; critica sin parecer que lo hace, desvaloriza y juzga. Mina en los demás su autoestima y manipulación está asegurada.
9. Hace transmitir sus mensajes a otros o los comunica de forma indirecta (por teléfono en lugar de cara a cara, dejando notas escritas).
10. Siembra cizaña y suscita sospechas, divide para reinar mejor y puede provocar la ruptura de una pareja.
11. Sabe hacerse la víctima para que se le compadezca (enfermedad exagerada, entorno “difícil”, sobrecarga de trabajo, etc.).
12. Hace caso omiso de las demandas (aún cuando dice ocuparse de ellas).
13. Utiliza los principios morales de los demás para satisfacer sus necesidades (nociones de humanidad, caridad, racismo, “buena” o “mala” madre, etc.).
14. Amenaza de forma encubierta o hace un chantaje abierto.
15. Cambia radicalmente de tema en el transcurso de una conversación.
16. Elude o rehúye las entrevistas y las reuniones.
17. Cuenta con la ignorancia de los demás y hace creer en su superioridad.
18. Miente.
19. Falsea los hechos para averiguar la verdad, deforma e interpreta.
20. Es egocéntrico.
21. Puede ser celoso aunque se trate de un pariente o un cónyuge.
22. No soporta la crítica y niega la evidencia.
23. No tiene en cuenta los derechos, las necesidades y los deseos de los demás.
24. Espera frecuentemente hasta el último momento para pedir, ordenar o hacer actuar a los demás.
25. Su discurso parece lógico o coherente, cuando sus actitudes, sus actos o su forma de vivir responden al esquema opuesto.
26. Utiliza halagos para gustarnos, nos hace regalos o tiene muchas atenciones con nosotros.
27. Produce un estado de malestar o una sensación de falta de libertad (trampa).
28. Es absolutamente eficaz para lograr sus propios fines, pero a costa de los demás.
29. Nos induce a hacer cosas que probablemente no haríamos por voluntad propia.
30. Es constantemente objeto de conversación entre personas que lo conocen, aunque no se encuentre presente.
De todas estas posibles características de los manipuladores que señalan hay dos de ellas que son comunes a todos ellos y que nos pueden dar una buena pista para ponernos sobre aviso, son las que se citan en los números 8 y 10 que prácticamente están muy relacionadas y podrían unirse en una sola que dijese así: pone en duda las cualidades, la competencia y la personalidad de los demás; critica sin parecer que lo hace, desvaloriza y juzga, sembrando cizaña y suscitando sospechas, dividiendo para reinar mejor.
Sobre este asunto de las críticas, algo que tengo muy claro es que cuando alguien me habla mal constantemente de unos y de otros… sé que, al final, antes o después, también hablará mal de mí. Por principio siempre desconfío de ese tipo de personas que no saben ver lo positivo en los demás, sólo se fijan en lo negativo, lo critican y, por supuesto, ellos son perfectos.
Si además la persona de la que sospechamos es envidiosa y egocéntrica… aunque no cumpla las diez características requeridas, entre las treinta citadas, habrá que andarse con mucho cuidado para no ser su víctima.

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Dificultad para detectar a los manipuladores

“El manipulador es un especialista en camuflajes. Se oculta bajo disfraces diferentes e intercambiables. En esto radica la dificultad para detectarlos. Existen varios perfiles de manipuladores: el ‘despótico’, el ‘irresponsable’, el ’simpático’, el ’seductor’, el ‘generoso’, el ‘desvalido’ y el ‘dependiente’, entre otros. Todos, sin embargo, interpretan la realidad de manera deformada y culpan constantemente a los demás. Finalmente, su entorno social termina asumiendo comportamientos que van en contra de sus propios intereses y que minan su autoestima. Lo paradójico es que por más que dominen a los que los rodean, nunca pueden llenar ese vacío interior que sienten, el verdadero origen de su inseguridad”.

Es decir, en el fondo son personas inseguras, que tratan de conseguir aparentar que son mejores de lo que son y la única forma en que piensan que pueden conseguirlo es a costa de los demás…

La propia autoestima y manipulación que ejerce mantienen una relación dañina.

Para combatirlos, “ante todo no hay que ceder a sus presiones y manejos: tomarse tiempo para reflexionar y esquivar los manejos psicológicos que nunca terminan bien. La realidad es que el mejor consejo es evitar la compañía de un manipulador o deshacerse de él tan pronto como sea posible”.

También destaca la dificultad de conseguir que modifiquen su conducta, ya que “como los manipuladores generalmente creen que ellos hacen todo bien, no se dan la posibilidad de cambiar”. Su sobrevalorada autoestima y manipulación enfermiza ejercen mayor poder sobre su conducta que la realidad evidente.