Burundanga o escopolamina, sirve para aprovecharse de otras personas, que caen en un estado “hipnótico” donde su voluntad se ve completamente anulada.

El uso de Burundanga o escopolamina supone un notable riesgo para las personas y sobre todo existe un gran desconocimiento sobre este tipo de sustancias.

Mucha gente piensa que se trata de un mito o simplemente jamás ha oído hablar sobre ello, cuando realmente la familia a la que pertenecen este tipo de plantas tóxicas: las solanáceas, es bastante común. La patata, por ejemplo, pertenece a esta familia y en las calles de Colombia se puede ver prácticamente en cada esquina el árbol de la brugmansia o “floripondio”, del cual se extraen sus semillas para la elaboración de la droga.

Esta sustancia no se caracteriza como droga de abuso. No se utiliza en contextos de consumo de drogas. Su utilización sirve para aprovecharse de otras personas, que caen en un estado “hipnótico” en el que su voluntad se ve completamente anulada. Posee una peligrosidad altísima al ser extremadamente tóxica, provocando una intoxicación aguda muy potente.

Por otro lado, se deben optimizar los protocolos de actuación de los hospitales, poniendo énfasis en la rapidez y especificidad de los análisis toxicológicos, cuando hay sospecha de intoxicación no voluntaria por algún tipo de droga de sumisión.
Burundanga o escopolamina : Variante lingüística de origen yoruba africano que da nombre a un arbusto bien conocido: el beleño blanco (Hyoscyamus albus).
En castellano se le llama “burladora” o “árbol borrachero”. Su distribución es universal salvo en zonas desérticas o esteparias muy frías.
Sobre todo suelen encontrarse en la región de los Andes (Colombia, Ecuador, Venezuela).
• La burundanga o escopolamina no es una planta, sino un conjunto de plantas. Se trata de la familia solanaceae, los árboles, plantas y arbustos de esta familia contienen, entre otros, unos alcaloides de estructura similar a la atropina. El alcaloide que más destaca y aparece en los análisis toxicológicos es la escopolamina, del cual hablaremos más adelante.

Brugmansia alba arbórea (“Floripondio”)
-Datura Stramonium
-Hyoscyamus albus (beleño blanco)                        
                
-Atropa Belladona
-Mandrágora

“BURUNDANGA”

Ninguno suele asociarse a consumo crónico, abuso voluntario o dependencia, no se ha definido síndrome de abstinencia específico como consecuencia de la interrupción del consumo. Sí existe, no obstante, la posibilidad de que su consumo produzca intoxicación aguda, a veces con efectos potencialmente mortales.
La burundanga o escopolamina podría no incluirse (por sí misma) en una publicación sobre drogas de abuso si no fuese por el hecho de que se usa con fines delictivos, como un tóxico, diluido en bebidas o aspirado en cigarrillos, para provocar la sedación en personas que posteriormente, serán víctimas de rapto, abusos sexuales, robo, tráfico…etc.
No es una droga para “divertirse”, es el arma perfecta para hacer el mal.

Historia de Burundanga o Escopolamina

  • En la época de los conquistadores españoles, según la leyenda, las antiguas tribus utilizaban la sustancia para enterrar vivos a esclavos y esposas de los jefes fallecidos, así les acompañarían en la otra vida.
  • El criminal nazi Josef Mengele, apodado “El ángel de la muerte”, usaba la escopolamina en el marco de sus interrogatorios.
  • En los años 60, la CIA utilizó la droga durante la Guerra Fría como una especie de “suero de la verdad”.
  • En casos muy raros, se utiliza como droga recreativa (efectos alucinógenos).
  • Por su acción sedante sobre el sistema nervioso central, se usa como antiparkinsoniano, antiespasmódico y como analgésico local.
  • Los parches de Escopolamina ayudan a prevenir las náuseas y vómitos asociados con los mareos provocados por el movimiento (anticolinérgico). Se administran a través de parches por vía dermal. La dosis del alcaloide es muy baja.

Relevancia, peligrosidad y situación actual

Esta droga emergente, anula la voluntad de las personas, mientras están completamente conscientes. El cerebro queda semi-anestesiado. La persona está activa, pero no alerta, si no como hipnotizada. No tiene censuras.
Desde hace unos cinco años hasta la actualidad, se está viendo cada vez más en nuestro país. Esto es un dato preocupante, puesto que esta droga se utiliza en un 99% de los casos para cometer actos delictivos: asesinatos, robos, secuestros, tráfico, violaciones y todo tipo de abusos. Debido a las drogas de “sumisión química” los actos delictivos en España están aumentando considerablemente.
En el año 2011 casi 3000 mujeres denunciaron agresión sexual. 10 de cada 100 con síntomas de haber ingerido de forma involuntaria alguna sustancia que les dejó prácticamente inconscientes en manos de su agresor.
El Hospital de La Paz de Madrid tiene un protocolo que se activa cuando la víctima llega sin apenas recuerdos de la agresión. Se procede a realizar una extracción sanguínea (tóxicos) y una muestra de orina, que junto a las pruebas periciales se envían al juzgado y a la policía para su procesamiento. Pero este tipo de protocolo no se aplica en todas las comunidades autónomas o se hace demasiado tarde.
Otras veces, los mismos hospitales cometen errores irreversibles, como por ejemplo no realizar los análisis específicos de sustancias o demorarse demasiado en extraer las pruebas toxicológicas, puesto que estos alcaloides desaparecen muy rápido del organismo. Todos estos errores tienen consecuencias fatales, muchos agresores quedan impunes y en la calle, sin pruebas que les incriminen. En el 90% de este tipo de violaciones o abusos, se cierra la puerta de ir a juicio.
Por otro lado, un alto porcentaje de víctimas no denuncian debido al prejuicio social, quizás porque suele pasar en entornos como clubs de alterne, o porque simplemente no tienen recuerdos claros de lo que sucedió. No se fija la memoria, no hay recuerdo.
Las consecuencias a largo plazo de haber sufrido abusos bajo una sumisión total son depresión, ansiedad, estrés, etc., sobre todo por no saber realmente qué pasó, por no acordarse de nada y no poder llevar a juicio a su agresor.
Es necesario que este tipo de drogas emergentes tengan un control y una prevención mucho más estricta.

Texto realizado por María Armengol García, psicóloga en prácticas en la Clínica Unnidesdro CB perteneciente al Máster en Investigación, Tratamiento y Patologías Asociadas a las Drogodependencias de la Universidad de Valencia.