Control Anticipatorio. Parte II

El Control anticipatorio es el mecanismo de la prevención consiste en el cálculo previo de riesgos con la finalidad de adelantarse a su aparición.

Control anticipatorio o extralimitación en el cálculo de riesgos

El Control anticipatorio es el mecanismo de la prevención consiste en el cálculo previo de riesgos con la finalidad de adelantarse a su aparición.

Como ya explicamos en post Control anticipatorio Parte I, el anticipar de forma cognitiva, en nuestros pensamientos, lo que va a pasar puede desempeñar dos tipos de respuesta: preveer lo que va a pasar y actuar en consecuencia o prevenir evitando lo que pueda suceder, tanto lo negativo y también como añadido lo positivo.

La máxima prevención consiste en “ponerse en el peor de los casos”: Implica la contemplación de las últimas y más graves consecuencias.

Existe la creencia social y generalizada de que la falta de prevención es peligrosa y conlleva graves problemas. Se considera que toda prevención es poca y que si su defecto es nocivo, su exceso, si se diera, es inocuo.

Desde la perspectiva cognitivo-social (Bandura 1986) lo que hace que los acontecimientos potencialmente aversivos resulten temibles es sobre todo, la ineficacia percibida para afrontarlos. En la medida que el individuo piense que puede prevenir, terminar o disminuir la gravedad de los acontecimientos aversivos, dejará de tener razones para temerlos, para ello debe poner en práctica el control anticipatorio.

Para aquellas personas que tienen dudas sobre su autoeficacia de afrontamiento, la preocupación por la ansiedad y su anticipación excede las dificultades objetivas, causa gran malestar y dedican mucho tiempo a acciones de tipo defensivo (básicamente la evitación), exageran la magnitud de sus deficiencias y las dificultades potenciales del medio. Tales dudas autorreferidas crean estrés y al distraer la atención de lo que debería ser el comportamiento adecuado dificulta la utilización adecuada de los recursos.

El hombre no es simple predictor de su conducta, es también su productor. El paciente no es solo tal, respecto de su enfermedad, es también agente.

Si se considera que las situaciones amenazantes no pueden afrontarse eficazmente, y tampoco pueden o deben evitarse, es probable que la persona opte por el control interno ante la aparición de síntomas de ansiedad, pero desconoce las ventajas del control anticipatorio.

Si la intensidad de los síntomas de ansiedad es muy alta, son tomados como indicador de riesgo grave para la salud física o mental. Es natural que los sujetos dirijan su estrategia hacia su control interno dado que el valor salud es para la mayoría de personas jerárquicamente superior a otros. En estos casos es probable que el paciente no se conforme con evitar las situaciones donde la ansiedad se manifiesta más crudamente, sino que considerando que algo interno falla se ocupe de estudiarse, conjeturar, auto-escucharse, plantearse supuestos para reducir la incertidumbre o, en cierto modo, crearla como mecanismo defensivo.

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El acto preventivo-defensivo consiste en identificar indicios que puedan advertirnos con tiempo del inicio del desarrollo de hechos o situaciones calculadas previamente como indeseables y por tanto temidos (objeto de prevención).

Tenemos como ejemplo para ilustrar esta definición la conducta preventiva de la persona celosa, por lo que al ejercicio de la sospecha se refiere. Parte del temor de que su pareja pueda entrar en complicidades amorosas y/o eróticas con otras personas, lo que podría significar un menosprecio personal, una vulneración de las reglas de la pareja, la eventualidad de perderla, el deterioro de la propia autoestima o auto imagen, etc.

La actitud de sospecha permite prestar una atención selectiva preferente a cualquier hecho que presuntamente pudiera estar relacionada con lo temido. Tales hechos tienen el carácter de indicios, es decir, indicadores. Así la persona celosa presta especial atención y atribuye significación a hechos tales como que su pareja muestra simpatía por otro, hable o le hablen, mire o le miren. La alerta será máxima si el o la “rival” es guapo y atractivo. Aquí podríamos hablar de maximización de indicios racionales. Yendo más allá y aunque no se sospeche de ninguna persona en concreto, salvo de la propia pareja, claro está, que un día se ponga un vestido más elegante, o tarde un poco más en lavarse los dientes (lo haga más a fondo), o llegue diez minutos tarde, ha de poner sobre-aviso, sobre la pista del presunto engaño, para tomar las consecuentes medidas disuasorias, preventivas o represoras.

En este último caso se está produciendo un proceso de generación de indicios: es decir, hechos en principio neutros o carentes de significación respecto de un fenómeno (la fidelidad en este caso), adquieren un valor discriminativo, se convierten en señal de alerta, predeterminan el campo atencional y asociativo, y prefiguran las anticipaciones, que a su vez pueden hacerse sobre la base del abuso en el cálculo de riesgos.

Llevada la situación al extremo se trata de considerar cualquier suceso relacionable con lo temido como sospechoso (y al actor culpable) mientras no se demuestre lo contrario, en el consiguiente interrogatorio y aportación de pruebas.

Hay tres tipos de tratamiento para generar  control anticipatorio son: psicoterapia, farmacológico o una combinación de ambos.

Hipocondría

El hipocondríaco siente angustias mortales por cualquier pequeñez, pero cuando llega lo importante respira, ¿y por qué? Porque la realidad importante no es tan terrible como la posibilidad que él mismo crea y en cuya producción consume precisamente sus fuerzas, mientras que puede concentrarlas todas contra la realidad.            (S. Kierkegaard, en El Concepto de la Angustia).

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Idéntico mecanismo al descrito podemos encontrar en el hipocondriaco. No se trata aquí de que ciertos daños o molestias, advertidos sin una actitud previa de sospecha o recelo, lleven a conjeturar que quizá estamos enfermando y en consecuencia, bajo esa presunción, acudimos al médico. En lo que venimos definiendo como abuso de la sospecha se parte de una actitud de desconfianza y recelo, a la “caza y sorpresa” del síntoma que evidencie una posible enfermedad grave en curso.

Se presta atención preferente al organismo y sus cambios se sobrevaloran, algunas alteraciones y otras manifestaciones insignificantes adquieren valor de indicios sobre los que se establece un diagnóstico y un pronóstico, que, dado el uso de la sospecha en el contexto de un abuso de la prevención, serán probablemente catastróficos.

El sujeto se enfrenta entonces a una serie de interrogantes que suelen resultar insaciables porque no encuentra las respuestas que le dan garantía de normalidad como para dejar de preocuparse. Se someterá a auto chequeos y pruebas sin que pueda dejar de considerarse reo de la enfermedad.

El resultado es que no puede quitarse el tema de la cabeza (aunque por otro lado quiera), primero porque la ansiedad adquiere cada vez más intensidad y es difícil ignorarla o convivir con ella, segundo porque la actitud de recelo y sospecha requiere atención preferente al campo referencial de la enfermedad, y la sobre-generación de indicios mina otros campos atencionales y constantemente hace saltar al primero, copando el campo asociativo (así pasa por ejemplo si en una conversación se cruza una palabra asociable con enfermedades, o si las tripas nos hacen ruido, o pasamos por delante de un hospital, o tenemos que decidir qué comer). Cualquiera de estas cosas puede evocar la presunta enfermedad.

La experiencia de que la prevención (cuando es pertinente) genera tranquilidad, seguridad y distensión, puede llevar a ABUSAR de ella como mecanismo de autorregulación cuando se quieren conseguir esos mismos objetivos.

El abuso de la prevención implica una extra limitación en el cálculo de riesgos, un proceso de generación de indicios, o conversión de señales neutras en señales de alerta mediante la alteración de su significación, y un proceso de auto-observación o atención auto enfocada; factores que comúnmente están inter-relacionados entre si y que conllevan estrés y ansiedad.

Desde Unnidesdro podemos enseñarte cómo trabajar el control anticipatorio.