Aprender a escuchar: la escucha activa

Aprender a escuchar es aprender técnicas de escucha activa, aquellas habilidades de comunicación imprescindibles para unas sanas relaciones interpersonales.

Aprender a escuchar a los demás

Para aprender a escuchar hay que aprender las técnicas de la escucha activa, forma parte de aquellas habilidades de comunicación imprescindibles para las sanas relaciones interpersonales.

CUANDO ALGUIEN DEPOSITA EN NOSOTROS SU CONFIANZA Y NOS CUENTA ALGO QUE LE IMPORTA, ESCUCHARLE DE FORMA COMPRENSIVA ES LO MEJOR QUE PODEMOS DARLE A CAMBIO. SI EL OTRO SE SIENTE COMPRENDIDO, LA RELACIÓN SE HARÁ MAS SÓLIDA E INTENSA.

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Aprender a escuchar

Es muy común poner las culpas en los demás cuando se presentan conflictos en la comunicación. Esta actitud no ayuda, como tampoco creer que escuchar es una tarea pasiva. Uno no deja simplemente que el otro hable sino que poner su intención en estar, en acompañar con la mirada, con los gestos, con la postura….. lo que la otra persona nos está contando

El que escucha no debería parecerse a una pared donde rebotan los mensajes, sino a un cuenco que los recibe. El cuenco debe estar vacío para poder ser llenado, sin ideas preconcebidas, sin juicios, sin expectativas, dejando espacio para que el otro llegue libremente. Cuando pensamos que ya sabemos lo que el otro nos dirá y lo interrumpimos, estamos actuando como una pared.

¿Desde dónde nos escuchas?

Cuando alguien habla, generalmente le escuchamos desde uno de los cinco siguientes niveles de comunicación:

  • La escucha que ignora completamente al otro; hacemos caso omiso a lo que dice la otra persona, no la escuchamos en absoluto y así lo damos a entender.
  • La escucha fingida; hacemos ver que escuchamos dando señales como “Mmm…”, asintiendo con la cabeza o poniendo una mirada atenta, pero no atendemos a lo que nos dicen.
  • La escucha selectiva; escuchamos solo las partes de la conversación que mas nos interesa obviando todo lo demás.
  • La escucha atenta; consiste en poner la energía necesaria para entender lo que nos quieren transmitir, comprendiendo de una forma intelectual.
  • La escucha empática; llamada escucha activa es, sin duda, la forma de escucha más elevada, ya que nos permite ponernos en la piel del otro, ver las cosas como las ve el otro, aunque sea muy diferente de nuestra manera de verlas. Esta forma de escuchar, además de compresión intelectual, aporta comprensión emocional. La escucha empática exige mucho más que solo registrar, reflejar o entender las palabras que se dicen. Hay que ser un buen observador de la expresión completa de la persona. La escucha empática requiere de disposición para atender y entender a nuestro interlocutor

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    Aprender a escuchar

¿Por qué nos cuesta tanto abrirnos a la comunicación sincera  y abierta?

Porque tememos aceptar nuestros errores, estamos demasiado encerrados en nuestras creencias y le damos convicción de certeza absoluta o simplemente no queremos enterarnos de algunas verdades. Tendemos a escuchar solo lo que queremos escuchar y a dejar fuera lo que no nos conviene.

Técnicas de la escucha activa

Lo principal para una escucha atenta, que nos acerque realmente a los demás, es la voluntad de comprender al otro profundamente.

Las técnicas siguientes son un medio para conseguirlo:

  • Intentar hablar menos: muchas veces sin darnos cuenta, escuchamos más con la intención de replicar que con la de entender: o hablamos o nos preparamos para hablar. A partir de hoy podemos inclinar la balanza hacia la escucha y observar que efectos produce, aunque con seguridad.
  • Sintoniza con el otro: mira a tu interlocutor, adopta su misma postura o una complementaria siguiendo sus movimientos, utilizando su mismo tono de voz. Esta atención y proximidad corporal ayudará a que ambos os sintáis más confiados y os expreséis con más claridad.
  • Usa sus mismas palabras: intenta ver si el otro se expresa de una manera mas visual, auditiva o sensorial. Si utiliza expresiones del tipo “lo veo mal” o “mira que asunto tan oscuro”, probablemente su forma de percibir sea visual. Seguro que esta persona se sentirá mas comprendida si nos dirigimos a ella en esos mismos términos: “¿Cómo podrías cambiar tu punto de vista para ver esto mas claro?”.
  • Acompáñalo en su discurso: aunque, cuando escuchamos, es preferible evitar las interrupciones, también es importante alentar a que el otro se explique. Se le puede preguntar sobre lo que no comprendemos, o se le pueden pedir detalles o aclaraciones. Pero sobre todo no hay que dar nada por hecho ni imaginar lo que el otro puede “querer decir”. Por eso también es útil aclararle lo que hemos entendido, para que nos confirme si coincide con lo que quería decir.
  • ¿Algo impide la escucha?: es mejor poner las dificultades sobre la mesa. Por ejemplo, hacer saber al otro que tienes prisa, que estas preocupado por algo que te ha pasado… Así evitaremos situaciones engañosas, falsas escuchas que pueden frustrar al otro y generarnos sentimientos de culpabilidad.
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