Miedo y ansiedad: fisiología y psicología

Todos experimentamos algún grado de miedo y ansiedad, sensaciones como mareo, visión borrosa, hormigueo, rigidez, dificultad para respirar y ahogo...

Fisiología y psicología del miedo y ansiedad

A pesar de que una definición del miedo y ansiedad que cubra todos los aspectos es muy difícil de proporcionar, todo el mundo conoce la emoción que las produce. No hay nadie que no haya experimentado algún grado de miedo y ansiedad, ya sea al entrar en una clase justo antes de un examen o cuando uno se despierta en la mitad de la noche convencido de que ha oído un ruido extraño fuera.

Lo que es menos conocido, sin embargo, es que sensaciones como mareo extremo, visión de puntitos luminosos, visión borrosa, entumecimiento y hormigueo, músculos rígidos y casi paralizados, y dificultad para respirar que llega hasta sensación de ahogo o asfixia pueden también ser parte de la ansiedad. Cuando estas sensaciones suceden y la gente no comprende por qué, la ansiedad puede incrementarse hasta niveles de pánico, ya que la gente imagina que debe tener alguna enfermedad.

La respuesta de lucha-huida

La ansiedad es una respuesta al peligro o amenaza. Científicamente, la ansiedad inmediata o a corto plazo es denominada la respuesta de lucha-huida. Se llama así porque todos sus efectos están dirigidos a combatir el peligro o escapar del mismo. Así, el propósito de la ansiedad es proteger al organismo, no dañarlo.

Cuando algún tipo de peligro es percibido o anticipado, el cerebro envía un mensaje a una sección de sus nervios llamada el sistema nervioso autónomo. Éste tiene dos subsecciones: el sistema nervioso simpático y el sistema nervioso parasimpático. Estas dos ramas controlan los niveles de energía corporal y de la preparación para la acción. Dicho simplemente, el sistema nervioso simpático es el sistema de lucha-huida que libera energía y hace que el cuerpo esté preparado para la acción, mientras que el sistema nervioso parasimpático es el sistema de restauración que devuelve el cuerpo a un estado normal.

Un punto importante es que el sistema nervioso simpático tiende a ser en gran medida un sistema de todo o nada. Esto es, cuando es activado, todas sus partes responden. En otras palabras, o todos los síntomas son experimentados o ningún síntoma es experimentado; esto puede explicar por qué la mayoría de los ataques de pánico implican muchos síntomas y no sólo uno o dos.

El sistema nervioso simpático libera dos productos químicos, llamados adrenalina y noradrenalina, que son usados como mensajeros para continuar la actividad; de modo que una vez que empieza la actividad en el sistema nervioso simpático, continúa y se incrementa durante algún tiempo.

Sin embargo, es muy importante darse cuenta de que la actividad del sistema nervioso simpático se detiene de dos maneras. Primero, los mensajeros químicos (adrenalina y noradrenalina) son destruidos por otros productos químicos en el cuerpo. En segundo lugar, se activa el sistema nervioso parasimpático (que generalmente tiene efectos opuestos al sistema nervioso simpático) y restaura una sensación de relajación.

Es muy importante darse cuenta de que finalmente el cuerpo “tendrá bastante” de la respuesta de lucha-huida y activará el sistema nervioso parasimpático para restaurar la sensación de relajación. En otras palabras, el miedo y ansiedad no puede continuar para siempre o aumentar en espiral hasta niveles siempre crecientes y posiblemente dañinos. El sistema nervioso parasimpático es un protector interior que evita que el sistema nervioso simpático se extralimite.

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La explicación de los cambios físicos

La actividad en el sistema nervioso simpático produce un incremento en el ritmo cardíaco y en la fuerza del latido cardíaco, esto es vital para la preparación para la actividad ya que ayuda a aumentar la velocidad del flujo sanguíneo y mejora de este modo el reparto de oxígeno a los tejidos y la eliminación de productos de desecho de los tejidos. Esta es la razón por la que es típico sentir que el corazón late a ritmo acelerado o que late con fuerza durante los periodos de elevada ansiedad o pánico. También se produce un incremento en la velocidad y profundidad de la respiración.

Esto tiene una importancia obvia para la defensa del organismo, ya que los tejidos necesitan más oxígeno para prepararse para la acción. Las sensaciones producidas por este incremento en la respiración pueden incluir, sin embargo, falta de aliento, sensación de ahogo o asfixia e incluso dolores u opresión en el pecho. Es importante saber que un efecto secundario del incremento de la respiración, especialmente si no se lleva a cabo ninguna actividad, es que el aporte de sangre a la cabeza disminuye.

Aunque sólo es una pequeña cantidad y no es en absoluto peligroso, produce una serie de síntomas desagradables (pero inofensivos) que incluyen mareo, visión borrosa, confusión, irrealidad y oleadas de calor. La activación de la respuesta de lucha-huida produce un incremento en la sudoración. Esto tiene importantes funciones adaptativas como hacer la piel más resbaladiza, de forma que es más difícil para un predador agarrar, y enfriar el cuerpo para que no se caliente demasiado.

La activación del sistema nervioso simpático produce otros efectos, ninguno de los cuales es de ningún modo dañino. Por ejemplo, las pupilas se dilatan para dejar que entre más luz, lo cual puede producir visión borrosa y puntitos luminosos enfrente de los ojos entre otras cosas. Hay una disminución de la salivación, lo que hace que la boca esté seca. Hay una menor actividad en el sistema digestivo, lo cual produce frecuentemente náusea, pesadez de estómago e incluso estreñimiento. Finalmente, muchos de los grupos musculares se tensan para prepararse para la lucha o la huida y esto produce sentimientos subjetivos de tensión, que a veces se acompañan de dolores reales así como de temblores y sacudidas.

Las sensaciones que se producen después

Otro punto importante es que los mensajeros químicos, adrenalina y noradrenalina, tardan algún tiempo en ser destruidos. Así, incluso después de que el peligro ha pasado y su sistema nervioso simpático ha parado de responder, es probable que se sienta inquieto o aprensivo por algún tiempo debido a que los productos químicos están aún flotando en su sistema. Debe recordarse que esto es perfectamente natural e inocuo. De hecho, es una función adaptativa porque, en los lugares salvajes, el peligro suele volver y es útil que el organismo esté preparado para activar la respuesta de lucha-huida.

En conjunto, la respuesta de lucha-huida produce una activación general de todo el metabolismo corporal. Así, uno se siente frecuentemente acalorado y, como este proceso emplea mucha energía, después uno se siente generalmente cansado y agotado.

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Como se ha mencionado antes, la respuesta de lucha-huida prepara el cuerpo para la acción: atacar o correr. Así, no es ninguna sorpresa que los impulsos dominantes asociados con esta respuesta sean los de agresión y el deseo de escapar. Cuando esto no es posible (debido a limitaciones sociales), los impulsos serán frecuentemente expresados mediante comportamientos tales como dar golpecitos con el pie, pasearse de un lado a otro o hablar bruscamente a la gente. En resumen, los sentimientos producidos son los de estar atrapado y necesitar escapar.

Cambios fisiológicos y psicológicos en un ataque de pánico

Hasta ahora, hemos visto las características y componentes de la ansiedad general o de la respuesta de lucha-huida. Pero, ¿por qué se debería activar la respuesta de lucha-huida durante los ataques de pánico ya que aparentemente no hay nada de lo que estar atemorizado?

De acuerdo con una extensa investigación, parece que la gente con ataques de pánico esta atemorizada de las sensaciones físicas de la respuesta de lucha-huida. Así, los ataques de pánico pueden ser vistos como un conjunto de síntomas físicos inesperados y una respuesta de pánico o miedo de los síntomas. La respuesta de lucha-huida (de la cual son una parte los síntomas físicos) hace que el cerebro busque un peligro. Cuando el cerebro no puede encontrar ningún peligro obvio, dirige su búsqueda hacia dentro e inventa un peligro como “me estoy muriendo, perdiendo el control, etc.”. Ya que estas interpretaciones de los síntomas físicos son muy atemorizantes, es comprensible que se produzcan el miedo y el pánico. A su vez, el miedo y el pánico producen más síntomas físicos y entonces se origina un ciclo de síntomas, miedo y ansiedad, síntomas, miedo y ansiedad y así sucesivamente.

Una vez que crea realmente (100%) que las sensaciones físicas no son peligrosas, el miedo y el pánico no sucederán más y no volverá a experimentar ataques de pánico. Por supuesto, una vez que usted ha tenido cierto número de ataques de pánico y ha malinterpretado los síntomas muchas veces, esta malinterpretación se hace bastante automática y se hace muy difícil convencerse a uno mismo conscientemente durante un ataque de pánico de que los síntomas son inofensivos.

En resumen, el miedo y ansiedad es científicamente conocida como la respuesta de lucha-huida ya que su propósito principal es activar el organismo y protegerlo del daño. Asociados con esta respuesta, hay un número de cambios físicos, comportamentales y mentales. Es importante tener en cuenta que, una vez que el peligro ha desaparecido, muchos de estos cambios (especialmente los físicos) pueden continuar, casi por sí mismos, debido al aprendizaje y a otros cambios corporales a largo plazo.

Cuando los síntomas físicos del miedo y ansiedad ocurren en ausencia de una explicación obvia, la gente malinterpreta frecuentemente los síntomas normales de lucha-huida como indicadores de un grave problema físico o mental. En este caso, las mismas sensaciones pueden convertirse frecuentemente en amenazantes y empezar toda la respuesta de lucha-huida de nuevo. Mucha gente, cuando experimenta los síntomas físicos de la respuesta de lucha-huida, cree que se “están volviendo locos”.

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