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Trastornos alimenticios o de la conducta alimenticia con más incidencia jóvenes y adolescentes

Trastornos alimenticios

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Trastornos alimenticios o de la conducta alimentaria

En los últimos tiempos se está produciendo una gran incidencia de los jóvenes y adolescentes en lo que se han llamado trastornos alimenticios o de la conducta alimenticia, que son:
• Anorexia nerviosa
• Bulimia nerviosa
• Obesidad mórbida.

Son enfermedades que han salido a menudo debatidas y comentadas en los medios de comunicación. La sociedad tiene mucha información sobre estos temas, pero en ocasiones son abordados de forma incorrecta y muchas veces perjudican más que ayudan a las personas con este tipo de problemas, porque en realidad son trastornos más complejos de lo que parecen.

Son muchos los factores que pueden inducir a una niña en edad de desarrollo a caer en este tipo de problemática:
• Imágenes de supermodelos en la televisión o la prensa.
• Ensalzamiento de la delgadez por la sociedad actual.
• Interés y deseos de tener un hipercontrol sobre su vida: estudios, trabajo, comida…
• Baja autoestima.
• Comentarios jocosos sobre su aspecto físico o su peso por parte de amigos o familiares.
• Hiperexigencia personal.
• Comienzo de una dieta regulada al principio.
• Obesidad materna o con algún trastorno depresivo o de ingesta.
• Incremento rápido de peso.
• Cambios corporales propios de la edad…

Una vez que se ha entrado en el círculo de la anorexia o la bulimia es muy difícil salir por uno mismo. Los pacientes con alguno de estos trastornos lo describen muy bien cuando dicen que experimentan tener la mente dividida en dos, porque eso es exactamente lo que les sucede.

Por un lado tienen una parte mala o enferma que les dice que no deben comer, que si comen no van a poder parar de hacerlo y que van a engordar muchísimo y sin ningún freno. Esta parte enferma es terrible porque suele recurrir a insultos, vejaciones y autocastigos si no es obedecida. Por otro lado tiene una parte buena o sana que lucha por sobrevivir, contra la enfermedad. Es esa pequeña vocecilla, que rara vez es escuchada, y que reconoce que se está haciendo daño a sí misma y que sabe que debe comer para seguir viviendo.

Esta lucha interna que experimentan las personas con este tipo de trastornos es horrible para ellos, agotadora y muy dañina, porque es fácil que con el paso del tiempo se llegue a un estado depresivo y de total desesperanza.

A pesar de que los tres son trastornos alimenticios, es necesario señalar algunas de las diferencias existentes entre ellos, porque esas diferencias son las que van a hacer necesario un tratamiento u otro.

Pistas que nos pueden hacer pensar que estamos ante un caso de anorexia nerviosa:

• Disminución de la ingesta.
Preocupación y miedo por coger algo de peso.
• Deseos de estar cada vez más delgada.
• Aislamiento social: pérdida de contacto con amigos, de salidas, de diversiones, especialmente de cenas sociales.
• Dedicación absoluta a estudios y/o trabajo.
• Disminución de las horas de sueño y descanso.
• Aumento de la actividad física y/o deportiva.
• Excusas y/o nerviosismo frente a la comida.
• Ingesta lenta.
• Troceo y esparcimiento de la comida en el plato.
• Pérdida del periodo o amenorrea.
• Cambio de carácter, agresividad, negación del problema.
• Oculta o tira la comida.
• Desaparición de cualquier tipo de interés sexual.

Pistas que nos pueden hacer pensar que estamos ante un caso de bulimia nerviosa:

• Preocupación por la imagen corporal.
• Cambios de estado de ánimo muy bruscos: pasan de la euforia al decaimiento más absoluto.
• Problemas para controlar la ansiedad.
• En ocasiones conducta seductora o provocativa: que se expresa también en la forma de vestir.
• Impulsividad.
• Uso de laxantes y/o diuréticos.
• Atracones habituales seguidos de vómitos o ejercicio físico excesivo para compensar.
• Descontrol en distintos ámbitos de su vida: amigos, relaciones sexuales, comida, estudios…
• Intento de seguir alguna dieta.
• Ansiedad ante la comida y especialmente después de la ingesta.
• Esconde la comida.
• Roba dinero para comprar comida.
• Conducta nerviosa e inestabilidad emocional.

Pistas que nos pueden hacer pensar que estamos ante un caso de obesidad mórbida:

• Peso muy por encima de lo normal para su estatura y edad.
• Introversión e aislamiento social.
• Presencia de atracones pero sin vómitos o conductas compensatorias.
• Problemas en el control de la ansiedad.
• Problemas a la hora de seguir un régimen.
• Falta de control sobre sus impulsos, especialmente en lo relativo a la comida.
• Deseos de perder peso.
• Dificultades para realizar cualquier ejercicio físico debido a su peso.
• Pérdida de las relaciones sociales.

Factores comunes en los trastornos alimenticios:

• Muy baja autoestima.
• Estado depresivo en la mayoría de los casos: cursando a menudo con una fuerte desesperanza.
• Problemas de ansiedad con respecto a la comida especialmente.
• Cambio de carácter.
• Deseos continuos de adelgazar: sin poner un límite.
• Aislamiento.
• Sentimiento de soledad y vacio.

Como hemos podido ver estamos ante unos trastornos que no se limitan únicamente a la alimentación, sino que afectan a todas las áreas de la vida de la persona, y que por tanto deben de ser tratados por diversos profesionales de la salud.

Salir de la anorexia, la bulimia y la obesidad es posible, Los trastornos alimenticios, aunque no es un trabajo fácil, requiere de mucho esfuerzo por parte de la paciente, de la familia y de muchos especialistas coordinados. Dentro de estos especialistas que deben trabajar en equipo están:

Médicos de cabecera: para la realización de un examen físico detallado, una exploración completa y una valoración del estado actual de la paciente.
Ginecólogo: para la evaluación de la amenorrea y todo lo relacionado con el desarrollo de los órganos sexuales de la adolescente, ya que en muchos casos se ha visto afectado.
Nutricionista: para informar adecuadamente acerca de la alimentación, su función, los alimentos…
Psicólogo: para el tratamiento a nivel cognitivo (mental) que evidentemente en estos casos afecta al estado físico.
Psiquiatra: en ocasiones por si es necesario recetar algún fármaco.
Dentista: en ocasiones si se ha producido un deterioro dental importante a consecuencia de los vómitos.

El trabajo psicológico es el más importante y el que más tiempo lleva. Pero también es muy importante el apoyo y la colaboración de la familia. Es un factor común que las personas que padecen estos trastornos alimenticios puedan pensar que sus padres no les entienden, que no quieren decepcionarlas, o que simplemente no les van a ayudar, pero se sorprenderían de lo dispuestos que están a ayudarles a luchar contra su enfermedad una vez que han comprendido la naturaleza del trastorno y aprender a enfrentarse a él.


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